Cuando era jovencito y practicaba el deporte que más me sigue apasionando… Recuerdo que los días previos a los partidos, me costaba conciliar el sueño. Me levantaba para ver las estrellas, ya que si éstas no estaban allí arriba, algo me decía que haría mal tiempo y que el partido se podría suspender.

Pues bien, puede parecer que a cierta edad esas sensaciones desaparecen y de repente, te encuentras ante la misma situación, ante el mismo nerviosismo, porque un momento importante de tu vida está a punto de llegar.

Ese día fue ayer. Uno de esos días que sabes que siempre vas a mantener en el recuerdo…

La noche previa observas la llegada de todos los miembros del equipo y te tranquilizas cuando les ves llegar, uno a uno, sin haber sufrido ningún contratiempo.

Esa persona que siempre está a tu lado y se preocupa por tu estado, te pregunta si te sientes preparado…

La contestación es muy vaga, ya que has creído no tener el tiempo de hacer lo correcto para dar lo mejor de ti.

Con esa incertidumbre y ante la sospecha de que por falta de preparación, estás condenado a no hacer las cosas como el equipo se merece, te vas a dormir y duermes como un bebé.

Llega el momento y te sientes extrañamente tranquilo. Algo en tu interior te dice que hoy no es día para trabajar, simplemente es un día en el que sin darte cuenta, has decidido que tu yo profesional y tu yo personal van a ser el mismo.

Sales al escenario, levantas la mirada y allí están, en frente de ti, todas esas razones por las que vale la pena iniciar un nuevo mañana.

Es como si hubieras decidido que nunca más vas a trabajar, ya que te sientes bien tratado, bien querido, bien arropado y por lo tanto; en deuda con quienes en los peores momentos siguieron creyendo.

Se abre una nueva etapa, con nuevas metas que alcanzar y con un claro objetivo.

En cada una de las conversaciones, ves rostros ilusionados que te transmiten la energía necesaria para dar continuidad a sus ideas, llenas de propuestas que son determinantes para el futuro de todos.

Descubres que el secreto está en ellos y en ellas, ya que en ningún momento se dejaron llevar por la frustración, desde la confianza de que estaremos más unidos que nunca.

Así pues, arquitectos y arquitectas de nuestro futuro, esta nueva jornada, a mí personalmente me ha servido para tener más ilusión que nunca, escuchar más activamente que nunca y tratar de estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado.

Sin duda, esta nueva etapa formando parte de esta familia que no para de crecer, se revela ante mí como esa segunda juventud, en la que te encuentras en forma, para afrontar la gran final.

Gracias a todos porque sois realmente vosotros, los que me habéis ayudado a renovar el compromiso!!!

Jose Manuel, qué pena que te lo estés perdiendo. Desde allí donde estés, observa a esta familia, porque mucho me temo que van a seguir luchando por ser los número UNO, sin sentir jamás que hayan alcanzado es posición.